El juego es la verdadera escuela
Libres para aprender. Por qué el aprendizaje lúdico garantiza niños felices y seguros de sí mismos (Peter Gray)
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Resumen:
Realizado por Alejandra Kim Santi. Vivir es aprender.
Capítulo 1. ¿Qué le hemos hecho a la niñez?
Antes los niños jugábamos libremente, ahora ya no. La escuela se ha introducido cada vez más en el hogar, la vida familiar y por supuesto en el tiempo libre. A edades más tempranas, más días y horarios de clases, más estructura, más tareas, más tiempo, más obligación, más exámenes, dando demasiada importancia al desempeño y a los resultados.
La escuela se ha apoderado de la vida de los niños de una forma más alarmante, ha dado y fomentado la idea de que los niños deben aprender y progresar mediante tareas dirigidas y evaluadas por los adultos, considerando que las actividades propias de los niños (como el juego) son una pérdida de tiempo.
«Incluso fuera de la escuela, los niños pasan cada vez más tiempo en ambientes en donde los adultos los dirigen, protegen, atienden, clasifican, juzgan, critican, elogian y recompensan».
«¿Cómo es posible que hayamos llegado a la conclusión de que la mejor manera de educar a los estudiantes consiste en obligarlos a estar en un ambiente donde se aburren, son infelices y se sienten ansiosos?»
Un capítulo que también nos hará reflexionar de nuestros miedos como padres y de el tipo de relación que llevamos con nuestros hijos.
Capítulo 2. La vida colmada de juego de los niños cazadores y recolectores
Nos presenta los resultados de muchas investigaciones, no solo de él, sino de otros colegas, realizadas en sociedades de cazadores y recolectores, en donde el principio que guía su filosofía de crianza y de educación de los niños es la confianza en los instintos infantiles.
Se considera que cuando se les permite seguir sus propios deseos los niños aprenderán lo que necesiten aprender y nos narra diferentes anécdotas de como los niños aprenden sus diferentes habilidades para después ser parte activa de la sociedad.
«Compartir y dar son valores esenciales de los recolectores, de modo que lo que sabe un individuo está abierto y accesible a cualquiera. Si un niño quiere aprender algo, los otros están obligados a compartir el conocimiento o la habilidad».
Capítulo 3. ¿Por qué las escuelas son lo que son? Una breve historia de la educación
Como lo dice el título, es el resumen histórico del porqué las escuelas han llegado a ser lo que son, de los hechos que marcaron creencias y hábitos que siguen hasta hoy.
La agricultura, el feudalismo, el poder de la iglesia, la industrialización, el control de las escuelas por el estado, cada una influyó de manera terrible nuestro comportamiento hacia los niños y por supuesto nos formaron en las creencias totalmente erróneas que tenemos hoy acerca de el trato y la educación de los niños.
Trabajo duro, obediencia, castigo corporal, sometimiento, memorización, desconfianza, monitoreo, supervisión, control… y mucho más. Los niños ya no son libres. Estas son las bases de nuestras escuelas. Estos son sus antecedentes históricos.
Es hora de aceptarlo, el sistema escolar no fue diseñado por el bien de los niños, siempre ha tenido una agenda oculta de los adultos: moldear el comportamiento y la mente de los niños.
«La fuerza bruta, utilizada por largo tiempo para mantener a los niños trabajando en los campos y en las fábricas, se trasladó a los salones de clases para obligar a los niños a aprender».
Capítulo 4. Los siete pecados de nuestro sistema de educación obligatoria
Este capítulo nos hace reflexionar sobre la obligatoriedad en la escolarización y sus similitudes con la prisión, algo de lo que casi nadie quiere hablar. Para muchos es bueno que se obligue a los niños a estar contra su voluntad en algún lugar, y tal vez hasta necesario, por eso trata de explicar lo que está mal con el sistema y los llama “pecados de nuestro sistema de educación forzosa”.
Resumiendo:
- Niega la libertad sin una causa justa y sin el debido proceso.
- Interfiere en el desarrollo de la responsabilidad personal y de la autodeterminación.
- Socava la motivación intrínseca de aprender (convertir el aprendizaje en trabajo)
- Juzga a los estudiantes al grado de fomentar la vergüenza, la arrogancia, el escepticismo y la trampa.
- Interfiere en el desarrollo de la cooperación y promueve el acoso (bullying).
- Inhibe el pensamiento crítico.
- Disminuye la diversidad de habilidades y conocimiento.
«Un lector me hizo la sugerencia de que debería incluir –Interferir en la vida familiar– como un octavo pecado. En efecto, el sistema educativo reduce el tiempo que las familias pueden pasar juntas en sus propias actividades. También interfiere en la armonía familiar…»
«¿Por qué a los niños no les gusta la escuela?… A los niños no les gusta la escuela porque para ellos -me atrevo a decir- es una prisión. No les gusta la escuela porque, como todos los seres humanos, anhelan la libertad, y en la escuela no son libres».
Capítulo 5. Las lecciones de Sudbury Valley: la madre naturaleza puede prevalecer en los tiempos modernos
La escuela Sudbury Valley es una escuela democrática fundada en 1968 que sigue en funcionamiento hasta hoy, Peter Gray la presenta como el secreto mejor guardado en la educación de los Estados Unidos y es la escuela donde asistió su hijo desde los 10 años.
«A fin de entender el funcionamiento es necesario tener en cuenta el siguiente pensamiento: Los adultos no controlan la educación de los niños; los niños se educan a sí mismos».
El capítulo nos describe como fue la investigación realizada con los alumnos graduados de esta escuela y las similitudes que encontró con las tribus de cazadores y recolectores, ambas contienen los elementos más esenciales para que los instintos autodidactas de los niños funcionen bien.
Las condiciones que potencian las capacidades de los niños para educarse a sí mismos en forma efectiva:
- Tiempo y espacio para jugar y explorar
- Reunión libre de niños y adolescentes de diferentes edades
- Acceso a los adultos conocedores y afectuosos
- Acceso al equipo y libertad de jugar con él
- Libre intercambio de ideas
- Libre de acoso
- Inmersión en una comunidad democrática
Capítulo 6. Los instintos humanos educativos
Inicia comentando acerca del experimento de Sugata Mitra en la India, de las observaciones que este realizó acerca de el aprendizaje de los niños y de cómo esto muestra los tres aspectos esenciales de la naturaleza humana -la curiosidad, el carácter lúdico y la sociabilidad… estos son nuestros «impulsos instintivos para adquirir y desarrollar la cultura en la que nacimos».
La curiosidad: es el impulso a explorar y a entender.
El carácter lúdico: el impulso a practicar y a crear (nos da ejemplos de los tipos de juegos y su relación con el desarrollo de las habilidades básicas de supervivencia).
La sociabilidad humana: el impulso natural a compartir la información y las ideas.
Al final del capítulo reflexiona en cómo las escuelas no solo obstaculizan estos instintos educativos de los niños, pero además los suprime al despojar de la libertad y el tiempo necesarios para que ocurran y en cambio da prioridad al currículo, a la “lección del día”, a “terminar las labores a tiempo”.
Creo que los capítulos dos, cinco y seis nos muestran los estudios y la evidencia de que el ser humano tiene la capacidad y los instintos para dirigir su propio aprendizaje.
Capítulo 7. La condición lúdica de la mente
Este capítulo es acerca del poder educativo del juego, aclarando primero el concepto del juego.
El juego se elige y se dirige en forma autónoma. Es lo que uno quiere hacer en oposición a lo que tiene que hacer.
El juego está motivado por los medios más que los fines. En la medida en que participamos en una actividad solo para lograr un fin o una meta independiente de la actividad misma, esa actividad no es un juego. El juego es una actividad realizada por mero gusto.
El juego se guía por reglas mentales. Jugar es comportarse de acuerdo con las reglas que uno ha escogido. El rasgo principal en estos casos es que todas las formas de juego implican un importante autocontrol.
El juego es imaginativo. «Otra aparente paradoja que caracteriza al juego es que es serio, pero no es serio, real pero no real. En el juego uno ingresa a un ámbito localizado en el mundo real, utiliza accesorios del mundo real, a menudo versa sobre el mundo real, los jugadores afirman que es el mundo real y, no obstante, de cierta forma, está separado mentalmente del mundo real». El juego es un estado de la mente que estimula la imaginación.
El juego se desarrolla es un estado de ánimo alerta, activo pero no estresado. La mente del que juega está en un estado que algunos investigadores han denominado de flujo. La mente se encuentra absorta en las ideas, reglas y acciones del juego, y está relativamente alejada de las distracciones externas.
EL PODER DEL JUEGO RESIDE EN SU TRIVIALIDAD. El juego cumple el serio propósito de educar, aunque el jugador no tenga la intención de educarse. El jugador juega por mero gusto; la educación es un resultado derivado.
«Tal vez el juego sería más respetado si lo denomináramos algo así como “práctica automotivada de las habilidades para la vida”; pero eso le quitaría el tono festivo y como consecuencia reduciría su efectividad. Así, nos encontramos atrapados en la paradoja. Debemos aceptar la trivialidad del juego a fin de entender su profundidad».
En este capítulo nos detalla las diferentes lecciones de vida y habilidades que los niños adquieren a través de los diferentes tipos de juego: los deportes informales, el juego sociodramático, el juego “peligroso” y los videojuegos.
«Al jugar con otros niños, lejos de los adultos, los niños aprenden a tomar sus propias decisiones, a controlar sus emociones e impulsos, a apreciar el punto de vista de otros, a negociar las diferencias con los otros y a hacer amigos. En pocas palabras, con el juego los niños aprenden a controlar sus vidas».
Capítulo 9. Reunión libre de diferentes edades: un ingrediente clave para que los niños se eduquen a sí mismos
Confirma la importancia de las edades mixtas en el aprendizaje y en el desarrollo social, emocional e intelectual. Nos describe las observaciones en sus investigaciones, en las sociedades de cazadores y recolectores, entre los alumnos de la escuela de Sudbury, y del experimento de Sugata Mitra.
Los niños pequeños tienen atención y apoyo emocional, aprenden por observación o de escuchar conversaciones, participan y aprenden de actividades que serían demasiado complejas, difíciles y peligrosas para llevarlas a cabo solos. Al interactuar con niños más pequeños, los mayores practican el liderazgo y la crianza de los menores, y adquieren la experiencia de ser los maduros en estas relaciones. Así mismo, entienden mejor los conceptos al enseñárselos a los más pequeños debido a que esa actividad los obliga a pensar en lo que saben y en lo que ignoran.
«La disminución del tamaño de las familias, el debilitamiento de los lazos de las familias extendidas, el temor a las influencias negativas que los niños mayores puedan ejercer en los pequeños, la disminución de los juegos en libertad en el vecindario, el incremento del tiempo pasado en la escuela y la proliferación de los programas extraescolares y de otras actividades dirigidas por los adultos y con un régimen de edades separadas han conspirado para reducir, en gran medida, las oportunidades de los niños para conocer a otros niños mayores o menores que ellos. El modelo de la escuela por grados se ha apropiado de nuestro pensamiento cultural sobre la infancia».
Capítulo 10. Padres que depositan la confianza en sus hijos en nuestro mundo moderno
El capítulo aborda la crianza de los hijos basada en la confianza y lo que pueden hacer los padres en nuestro mundo moderno para que esta forma de criar a los niños sea de nuevo posible y normal.
Los padres actuales desconfían de sus hijos porque subestiman sus capacidades. Al privar a los niños de su libertad, los privamos de las oportunidades que necesitan para aprender a hacerse cargo de su propia conducta y de sus emociones.
¿Por qué los padres pierden la confianza en sus hijos?
Él sugiere:
- Deterioro de los vecindarios y desaparición de los grupos de niños jugando en las calles.
- Deterioro del sentido común local sobre la crianza y aumento de una atmósfera de temor mundial.
- Mayor incertidumbre para conseguir un empleo en el futuro.
- Aumento del poder de las escuelas y de la necesidad de someterse a sus cada vez más restrictivos requerimientos.
- Aumento de un modelo de desarrollo infantil y crianza centrado en la escuela.
¿Qué podemos hacer, como individuos y como sociedad, para restaurar los derechos naturales de los niños a aprender a través del juego en libertad, de la exploración y de las aventuras independientes?
¿Cómo puede un padre, a pesar de las fuerzas en contra, de las voces temerosas que resuenan en su cabeza, convertirse en un padre más confiado y otorgar más libertad a sus hijos?
He aquí algunas sugerencias:
Examine sus propios valores. El primer paso para una crianza basada en la confianza consiste en examinar los propios valores y en pensar cómo podrían aplicarse en sus hijos y en su relación con ellos.
Deshágase de la idea de que usted determina el futuro de su hijo. Si valoramos la libertad y la responsabilidad personales, tenemos que respetar los derechos de nuestros hijos a planear sus propias vidas. Nuestras ambiciones no pueden ser las de ellos, y viceversa. Cuando tratamos de determinar los destinos de nuestros hijos, impedimos que se hagan cargo de sus propias vidas.
Resista la tentación de supervisar las actividades de sus hijos. ¿Le gustaría que a usted lo supervisaran constantemente? Todo el mundo tiene derecho a la privacidad y a las oportunidades de experimentar sin ser juzgado.
Encuentre o cree lugares seguros y oportunidades para que los niños jueguen y exploren. Permitir que sus hijos jueguen libremente y con relativa seguridad con otros niños es una de las cosas más valiosas que usted puede hacer por ellos.
Considere alternativas a las escuelas convencionales. Necesita encontrar una alternativa que apoye los deseos y las capacidades de los niños de hacerse cargo de su propia educación (dentro de estas alternativas el autor menciona el unschooling y sus encuestas a familias no escolarizadas).
Este capítulo lo termina escribiendo acerca de su optimismo y su visión de un futuro mejor para los niños. A medida que más gente conozca adultos que no asistieron a una escuela coercitiva, o que no enviaron a sus hijos a la escuela, será cada vez más fácil aceptarlo, e irá cambiando la mentalidad, las creencias de lo que es normal y de lo que no lo es.
«Existe otra fuerza que opera en este caso: el impulso natural de los seres humanos hacia la libertad y la autodeterminación. La historia nos enseña que las personas eligen la libertad cuando es una opción viable».
«Soy un optimista del futuro de la educación. Mi optimismo está basado en que nuestra sociedad, como parte de una cultura, entraremos en razón y restauraremos la libertad de los niños para que tomen el control de su propio aprendizaje, de modo que este vuelva a ser gozoso, apasionante y una parte integral de la vida, en vez de causar tedio, depresión y ansiedad».

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